Para todo ser humano, el amor y la belleza son aspectos muy importantes de la vida. El hombre es, en cierta medida, como Eros, buscando de una u otra forma (consciente o inconscientemente) algo que sea bello y duradero, con anhelo de belleza y de amor.
Pero ¿qué se entiende en la época actual por amor y belleza? Hoy no se considera el amor como una asignatura pendiente, como algo para aprender, sino como un sentimiento espontáneo, un deseo, una atracción, que muchas veces dura muy poco. Y en ocasiones hay más búsqueda acerca del cómo ser amados que de cómo aprender a amar. Es, precisamente, esa necesidad de ser amados y aceptados por los demás lo que mueve al hombre a desear y a buscar la belleza en las formas.
En nuestros tiempos hay un gran culto al cuerpo, a conservarlo joven y atlético a través de técnicas quirúrgicas o productos. Todo es válido con tal de retener la juventud el máximo posible de tiempo. Y se valora más la belleza de un cuerpo que la belleza en las ideas, la belleza en un acto noble, en el valor de una persona. Se busca una belleza hueca, vacía, que sigue unos estereotipos según la moda, más como herramienta de seducción, como forma de poder (para manipular, para vender algo, para conseguir nuestros fines) o quizá a veces como forma de encubrir carencias y debilidades.
En el acto de estar erguido como una lanza que avanza contra el viento a través de la niebla, más allá de lo conocido y lo desconocido, reside el ser filósofo. Filósofo significa el enamorado de la Verdad, el enamorado de la Sapiencia, aquel que pone todas las cosas por debajo de la búsqueda de esa Sapiencia. Un enamorado tal vez no es un ser del todo inteligente, pero sí es un convencido de que va a llegar a la meta que se ha propuesto, alguien noble que trata con todas sus fuerzas de alcanzar aquello que se vislumbra más allá.
Hay ejercicios fáciles que pueden sernos útiles a fin de intentar comprender. Coged una botella cualquiera llena de agua y mantenedla enhiesta con el brazo horizontal. Al principio parece algo muy fácil, quién no va a sostener un litro, pero cuando pasa el tiempo y la acumulación del peso y la posición de nuestro brazo se va haciendo más dolorosa, cada vez sentimos más el peso y parece que hubiese una vaca colgada de nosotros.